Hace unos meses la polémica saltó en la casa de Apple debido a la obsolescencia programada de algunos modelos de iPhone que veían mermado su rendimiento a través de software por la propia Apple para que, según los de Cupertino, «evitar que los dispositivos se apaguen inesperadamente» por problemas de viejas baterías.

Apple negó que esta ralentización fuera para acortar la vida útil del producto o degradar la experiencia de usuario aunque se disculpó con sus clientes y alegó que había habido un fallo de comunicación por no informarles de este detalle antes de implementar esta ralentización por software en sus terminales.

Sin embargo, muchos no se han creído las disculpas ni las explicaciones de Apple, entre ellos, 78 clientes de la marca en Estados Unidos que han decidido presentar esta semana una demanda colectiva contra los de Cupertino acusándoles de «limitar en secreto» el rendimiento de los viejos iPhone para obligar a sus clientes a comprar uno más moderno, algo que ellos mismos definen como «uno de los fraudes más grandes de la historia»:

«Si bien los demandantes no necesitan atribuir ningún motivo detrás de la degradación intencional de los dispositivos por parte de Apple, es evidente que Apple continuó haciéndolo por la simple razón de que se cometen la mayoría de los fraudes: dinero.

Aunque técnicamente complejo en parte, el esquema era lógico y simple: los dispositivos se diseñaron defectuosamente y Apple lanzó actualizaciones de software para ocultar los defectos, al tiempo que exacerbaba los efectos de los defectos, principalmente el rendimiento disminuido, de modo que los usuarios del dispositivo no tenían otra opción que comprar una nueva batería o actualizar sus dispositivos, lo que da como resultado pagos adicionales a Apple y una base de clientes sostenida (aunque forzada)

Por su parte, Apple ha salido a la palestra para negar esta teoría de los demandantes, apuntando a que es el pensamiento más «loco del mundo donde les damos una experiencia de mierda para que compren nuestro nuevo producto».

Parece ser que la polémica está servida y ahora sólo hay que esperar a que la justicia americana comience a andar aunque este proceso legal podría durar meses, sino son años, en las cortes americanas.

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